Hay que esforzarse para que quienes fomentan estas artes sientan que la Iglesia reconoce su actividad y para que, gozando de una libertad ordenada, puedan iniciar relaciones más amistosas con la comunidad cristiana. La Iglesia reconoce también las nuevas formas de arte que se adaptan a nuestra época y responden a las características de las diversas naciones y regiones. Pueden ser introducidas en el santuario, ya que elevan la mente a Dios, una vez que se adapta el modo de expresión y se ajustan a las exigencias litúrgicas.

Así se manifiesta mejor el conocimiento de Dios y la predicación del Evangelio se hace más clara para la inteligencia humana y se muestra pertinente a las condiciones reales de vida del hombre.

Que los fieles, por tanto, vivan en estrechísima unión con los demás hombres de su tiempo y se esfuercen por comprender perfectamente su modo de pensar y de juzgar, tal como se expresa en su cultura. Que conjuguen las nuevas ciencias y teorías y la comprensión de los descubrimientos más recientes con la moral cristiana y la enseñanza de la doctrina cristiana, para que su cultura y su moral religiosas sigan el ritmo de los conocimientos científicos y de la técnica en constante progreso. Así podrán interpretar y valorar todas las cosas con espíritu verdaderamente cristiano.